POEMARIO PARA MI MADRE
POEMARIO PARA MI MADRE
En el corazón de mi madre,
Un amor eterno reside,
Y en cada verso de este poema,
Tu luz y esencia se deslizan.
Eres una guerrera valiente,
Que con esfuerzo todo supera,
En tu día de cumpleaños,
Tu fuerza y amor reverenciamos.
El 17 de julio brilla radiante,
Como un sol resplandeciente,
En este día te celebramos,
Como el más preciado presente.
Desde niño tus juguetes me alegraban,
Y hoy, con gratitud los recuerdo,
También tus cuidados en la comida,
Que nutrió mi ser desde el sendero.
Alimentación y crianza,
Bondad en tu mirada,
Siempre te esforzaste,
Por darme una vida soñada.
Mis pies descalzos jugueteando en el patio,
Son el reflejo de recuerdos en mar en calma,
Y las hondas del viento suave,
Son tus caricias que acarician mi alma.
Eres mi ejemplo de vida,
Tu sonrisa me inspira a seguir,
En cada paso que doy,
Tus enseñanzas vuelvo a sentir.
Madre amada, con el centelleo de tus ojos
Se reverbera mi memoria
A los tiempos de mis pantalones cortos,
A la voz de niño chillón, al cuidado de mis raspones
En cada verso de este poema,
Tu amor se hace presente,
Eres mi razón de ser,
Mi guía, mi letra incandescente.
Feliz cumpleaños, mamá querida,
Hoy, tu día, lo celebramos con emoción,
Eres el pilar de nuestra vida,
Y en tu eterna sonrisa, encontramos razón.
Podría escribirte sobre muchas cosas,
como por ejemplo, resaltar en tu mirada,
el reflejo de un paisaje abrazado por el arroyo de aguas mansas,
pero firme como la roca,
quizás, tu sonrisa desplegarse para adornar tu rostro bello,
o una lágrima caer desde una cascada simplemente para acariciar tus mejillas.
Podría escribirte sobre muchas cosas,
por aquello,
la unión de la vida,
vivir dentro de ti,
tener la fortuna de haber estado engendrado en ti,
y que tus manos, esas que me levantaron cuando caía y sacudían la arena de mi cara,
las que me alimentaron aún con pretensiones,
han servido para que hoy te escriba.
Podría escribirte sobre muchas cosas,
la tenacidad de tus pies,
bases que sostienen,
haces frente a la vida y en cada batalla salir ganadora, tus alegrías, tristezas, tu sonrisa,
esa que sale aún cuando algo no está bien.
Te deseo más que un feliz cumpleaños mamá,
te deseo,
para toda la vida.
Te amo.
Mi boca tiembla para definirte,
porque apenas
abrí el entendimiento
vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro,
la santidad más útil:
la del agua y la harina,
y eso fuiste: la vida te hizo pan
y allí te consumimos,
invierno largo a invierno desolado
con las goteras dentro
de la casa
y tu humildad ubicua
desgranando
el áspero
cereal de la pobreza
como si hubieras ido
repartiendo
un río de diamantes.
Ay mamá, ¿cómo podré
vivir sin recordarte
cada minuto mío?
No es posible. Yo llevo
tu Marverde en mi sangre,
el apellido
del pan que se reparte,
de aquellas
dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, planchó, lavó,
sembró, calmó la fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía
yo sostenerme con los pies seguros.
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