El valor literario de los “errores ortográficos” en César Bruto: humor, crítica y oralidad popular
El valor literario de los “errores” en César
Bruto: humor, crítica y oralidad popular
Autor: Lic. Español y literatura José Ángel Cantillo Ortiz
En la literatura, no siempre la corrección lingüística es sinónimo de calidad.
Algunos autores emplean la escritura “incorrecta” como un recurso artístico
para representar la voz de un pueblo o para hacer una crítica social a través
del humor. Este es el caso de César Bruto, seudónimo del humorista argentino
Carlos Warnes, quien en su obra «Lo que me gustaría ser a mí si no fuera lo que
soy» (1952) recurre a una ortografía deformada para construir un personaje
ingenuo, simpático y profundamente humano. La primera impresión del lector
discurre que se trata de “errores”, sin
embargo, el uso intencionado de las
faltas ortográficas y gramaticales cumple una función estética y crítica, y,
que las editoriales respetan estos textos sin “corregirlos”.
El texto de Bruto
comienza con expresiones que, a simple vista, parecerían errores:
“Siempre que biene el tiempo fresco, o sea al medio
del otonio, a mí me da la loca de pensar ideas de tipo eséntrico y esótico...”
(Bruto, 1952, p. 23).
Sin embargo, estas desviaciones ortográficas no son producto del descuido, sino
una decisión estética. Bruto reproduce el modo de hablar y escribir del pueblo
llano, de quienes no tuvieron acceso a la educación formal, pero poseen una
sabiduría cotidiana y una visión crítica del mundo. Este uso de la lengua se
conoce como ortografía fonética, y su propósito no es ridiculizar, sino dar voz
a los sectores populares.
La estrategia de
Bruto puede entenderse desde la perspectiva del realismo humorístico, donde el
lenguaje es el principal vehículo del humor. El autor utiliza una escritura
deformada para acercar el texto al habla oral, generando un efecto de
autenticidad y comicidad. Según Piglia (1993), “el humor popular se construye
sobre el habla del pueblo y su capacidad de resistencia simbólica frente al
lenguaje del poder” (p. 78). De este modo, el personaje de Bruto no solo hace
reír, sino que también revela las desigualdades sociales que lo rodean.
“...lo que les pasa a los pobres seres humanos que no
pueden comprarse ropa con lo cara questá, ni pueden calentarse por la falta del
querosén, la falta del carbón, la falta de lenia…” (Bruto, 1952, p. 24).
Así, el “error” se convierte en una forma de resistencia lingüística: escribir
mal es escribir distinto, desde el margen, desde un lugar que desafía las
normas impuestas por la cultura dominante. Las editoriales conservan la
ortografía original porque constituye parte del estilo del autor y del valor
histórico y literario de su obra. Corregirla equivaldría a borrar la voz del
personaje y la intención humorística del texto.
El caso de César
Bruto demuestra que la literatura puede romper las normas gramaticales sin
perder valor artístico. Por el contrario, sus aparentes errores enriquecen la
lectura, pues nos invitan a reflexionar sobre el lenguaje, la identidad y la
desigualdad social. Las editoriales, al respetar la escritura original,
preservan la intención del autor y el contexto cultural de su obra. En
definitiva, el humor ortográfico de Bruto no es una falta, sino un recurso
literario que transforma la incorrección en arte.
Referencias
Bruto, C. (1952). *Lo
que me gustaría ser a mí si no fuera lo que soy*. Buenos Aires: Editorial
Poseidón.
Piglia, R. (1993). *Formas breves*. Buenos Aires: Temas Grupo Editorial.
Real Academia Española. (2021). *Ortografía de la lengua española*. Madrid:
Espasa.
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